ROMA, OCTUBRE 2011

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Una Voz de Ayuda, Padre Alexander

 CUARESMA  Por  el Padre Alex

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Nueva Reflexion del Padre Alex desde Roma

EN CUARESMA

UN ALTO EN EL CAMINO

Sin duda alguna el tiempo de Cuaresma tiene un significado muy especial en la vida de los cristianos, y ha estado presente a lo largo de la historia de la Salvación, claro está con diversos matices y lineamientos, más con un mismo fondo: un espacio para la reflexión y un encuentro con nuestro interior.  Al decir, “un alto en el camino”, me refiero al interiorizar en lo más profundo de nuestro ser, algo que muy eventualmente hacemos, pues los afanes cotidianos no nos lo permiten, y pues ante el acoso de la sociedad que exige cada vez ir a la par de un mal llamado “progreso”, pues cada vez es mayor el alejamiento de los mas importante en nuestra vida, y es el Amor a Dios.

La  Cuaresma nos ofrece algunos elementos de ayuda en este propósito, como son el ayuno, la limosna y la oración, que no son exclusivamente practicas cristianas, lo que nos demuestra que son muy eficientes en cuanto a la búsqueda de respuestas y de identidad con nuestro interior, a veces desconocido.   Pero que debemos hacer realmente, o mejor sería preguntarnos, qué es un alto en el camino?.  A saber, la claridad de mi vida, si realmente estoy actuando adecuadamente como hijo de Dios, en la relación con los demás, en la práctica de la Caridad, si soy solidario, justo y paciente, si llevo una vida equilibrada en el ser y en el hacer, si mis pensamientos son acordes con mis actos, si mis palabras son reflejo de la bondad de mi corazón, o por el contrario están llenas de resentimientos y demás sentimientos que no fomentan un verdadero cambio y compromiso.

Como vemos, no es tan fácil, más cuando a veces nos acomodamos a un estilo de vida, a una sociedad que nos lo facilita todo, donde cada día hay que hacer un menor esfuerzo, esto último sumamente grave para las nuevas generaciones, que se están formando en medio de la mediocridad pues ya lo tienen todo hecho, solo es oprimir un botón y esta, mientras su mente y espíritu es pobre.  Así que aprovechemos este tiempo, algo que año tras año predicamos, que lo sabemos, pero pasamos indiferentes pues cuando tenemos que dejar algo que nos beneficia materialmente las cosas cambian, y volteamos el rostro y buscamos otro rumbo.   En las cosas de Dios, simplemente somos o no somos, recordemos que no se puede servir a dos señores, entonces pidamos fortaleza y demos una respuesta a la invitación de Cristo de seguirlo con una cruz.  No será fácil, pero grande será la recompensa, no en dinero, mas en un valor superior como es el de la Gloria. 

Hermanos, busquemos entonces ese encuentro, ese alto en el camino de nuestras vidas, estando en el mundo sin ser del mundo, no olvidemos que Dios no nos coloca cosas que no podamos cumplir, y aquello que más nos cuesta solo tenemos que pedir su ayuda y esta llega, que mas podemos esperar si ya está todo, solo hay que decidirse.

 

Reflexiones Anteriores  del Padre Alex desde Roma

ADVIENTO, UN ETERNO PRESENTE 

Mi propósito no es hacer un articulo litúrgico acerca del adviento, en cualquier parroquia por estos días se encuentran boletines o reflexiones bien sintéticas, igualmente que en los periódicos diocesanos.  Quiero enfocarme más bien hacia la relación que hay entre el adviento y la vida misma, en términos teológicos seria a como la relación entre la gozosa espera de la parusía (segunda venida del Señor) y la dimensión ontológica del cristiano (el “ser”, como sujeto en el tiempo y en el espacio), que en ultimo termino es el verdadero sentido de este tiempo, tan rico en elementos para encontrar un sentido en nuestro caminar hacia Dios.

Hablar hoy de paciencia, espera, y de términos semejantes es como ir en una barca en contra de la corriente de un rio caudaloso, pues vivimos en una sociedad ansiosa, terriblemente acelerada, en donde los años  pasan como si fueran días, donde no hay tiempo  para la reflexión, todo está hecho, pero paradójicamente esto aunque trae avances tecnológicos está acabando con la capacidad de análisis, y sobre todo de  ser capaces de anhelar con esperanza un tiempo mejor, en pocas palabras, quisiéramos que todo llegara ya, como el niño que en abril quisiera que fuera diciembre para recibir su regalo.

Hermanos, en la fe, debemos salirnos de este esquema, huir del sistema social y adentrarnos en el tiempo de Dios, es decir, un eterno presente, preocuparnos en estar preparados, porque El mismo nos invita a que estemos como el dueño de casa, vigilantes para que el ladrón no entre.  Preparación, esto es, llevar una vida llena de valores, de acciones buenas para con nuestros semejantes, tener un compromiso diario de ser mejores cada día, hoy ser mejor que ayer y mañana mejor que hoy, así le hallamos sentido verdadero a la vida, y podremos vencer cualquier dificultad, si tenemos un propósito claro.  Pero no olvidemos que no solo es “hacer” , sino también “ser”, porque como lo he repetido en algunas ocasiones, mi vida y mi fe deben ser paralelas, el cristiano no pertenece a una ONG o a una oficina de beneficencia, somos parte de un proyecto de salvación, en donde las obras son importantes pero también apoyadas por la fe, lo dice el Apóstol Santiago, “muéstrame tu fe sin obras, que yo por mis obras te mostraré mi fe”, ni tampoco somos protestantes que dejan a un lado las obras y se quedan en la fe, somos en este sentido “unidad” , y recordemos que no basta con no hacer el mal, dejar de hacer el bien es igualmente grave.  En fin, todo esto es preparación para una segura venida del Señor, un advenimiento, un hecho futuro pero que ya se actualizó  en el presente con la Encarnación, por esto celebramos este doble acontecimiento durante este tiempo, una venida encarnada y una glorificada, “unidad escatológica” es decir un mismo acontecimiento dentro de la esfera del tiempo de Dios, el eterno presente.  Entonces, disfrutemos de la compañía del Señor, sirviendo a nuestros semejantes, ayudándonos unos a otros, esforzándonos en dar lo mejor, en compartir nuestros talentos, en perdonar y ser perdonados, en conclusión : Amar y ser amados.

Dios Todopoderoso te damos gracias por habernos dado la oportunidad de disfrutar de tu Amor, permítenos responderte con nuestras vidas a través de la práctica de la caridad con nuestros hermanos, y a ti Madre Santísima, intercesora nuestra, cúbrenos con tu Santo Manto y guíanos por el buen camino.

Amén.

Padre John Alexander Avellaneda

Universidad Gregoriana

Facultad de Historia y  Bienes Culturales de la Iglesia

Roma - Italia

 

 

A MIS HERMANOS ..................

 El Señor Jesucristo, que con su entrega nos ha hecho partícipes de su Gloria, nos invita, personalmente, para que le sigamos: “quien quiera venir en pos de mi, tome su cruz y me siga”,  a lo que yo llamaría, adoptando un término con matices cinematográficos, “la búsqueda aventurada de la salvación”, y digo aventurada no en virtud de lo impredecible, sino por la presencia constante de los obstáculos, y en esto me quiero detener un poco.

 Todos somos llamados, desde el bautismo, a ejercer la triple dimensión de Cristo:  Sacerdote, Profeta y Rey,  y por tanto ese compromiso además de ser verdadero, es pleno, en cuanto a nuestra identidad con Cristo, que no se limita a pregonar su nombre sino a vivir como EL.

 Hoy más que nunca el mundo está sediento de Dios, pero para cubrir esta urgencia  se necesitan instrumentos, porque desde la misma historia de la Salvación, Dios siempre utilizó medios para comunicarse con su pueblo  (recordemos entre otros a Abraham, Moisés, los profetas ), y esto sigue vigente, El necesita “instrumentos de salvación” para poder darnos su mensaje.  Y es ahí, cuando en nuestra función de profetas, dada desde el bautismo, es que debemos actuar.  Recordemos la doble función profética:  anunciar y denunciar, y a partir de allí ejercer nuestro papel.

 Por eso, animo a todos aquellos que se han apropiado de este llamado, a ser profetas de la nueva historia, a no ser “cristianos pasivos”, o peor aún, acomodados según sus conveniencias (doctrinales, económicas, personales, etc), a vivir con intensidad este gran apostolado, que no es fácil, pues como mencionaba antes, está lleno de obstáculos.   El misionero debe sufrir, para experimentar aun más la Gracia y el Amor de Dios, para así poderlo transmitir a partir de su propio corazón, de lo contrario, será otro mas, como tantos “hipócritas espirituales” que hacen uso de una buena retorica y oratoria para envolver a sus interlocutores según sus malévolos deseos en nombre de Cristo, convirtiéndolo hoy en día como la mejor y rentable empresa multinacional.

 No hermanos, el verdadero misionero, profeta desde el bautismo, sufre, llora, experimenta en su ámbito espiritual y corporal el martirio, porque así lo dispuso el Señor, recordemos la pregunta a los hijos del Zebedeo “sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?”, eso mismo nos interroga.  Pero no como un acto de sevicia o masoquismo, sino como un gran acto de fe, porque “donde abundó el pecado sobreabundó la Gracia” nos dice el evangelista Juan, porque por más fuerte que sea mi sufrimiento, mayor será la recompensa de Dios, no hay mal por más fuerte que sea, que supere el Amor de Dios.

 Yo los animo a que continúen con esta labor, tan privilegiada, puesta en sus manos, y recuerden “al que más se le da, mas se le exige”.   No están solos, porque el Señor lo prometió a sus apóstoles, que estaría todos los días con ellos, y junto a esto, la oración elevada de quienes se benefician de su trabajo misionero, además invito a quien aun no se haya decidido, por temor o duda, a responder este llamado,  que jamás se arrepentirá de haber emprendido “la búsqueda aventurada de la salvación”.

 PADRE JOHN ALEXANDER AVELLANEDA

PONTIFICIA UNIVERSIDAD GREGRORIANA

ROMA - ITALIA